Pintura del siglo XX: la scuola metafisica

PINTURA DEL SIGLO XX: LA SCUOLA METAFISICA

Se conoce por el nombre de Scuola metafisica a un movimiento artístico de principios del siglo XX integrado fundamentalmente por los pintores italianos Giorgio de Chirico, Alberto Savinio y Carlo Carrà.

Giorgio y Andrea de Chirico nacieron en Grecia (1888-1978 y 1891-1952), hijos de una familia italiana asentada en la Hélade con motivo del trabajo de su padre en la construcción del ferrocarril. Giorgio de Chirico estudió bellas artes en Atenas y posteriormente en Florencia y Múnich, donde fue fuertemente influenciado por el simbolismo de Böcklin y de Max Klinger. Su hermano, Andrea de Chirico, es mejor conocido por su seudónimo: Alberto Savinio y tiene una relevancia menor que Giorgio en el ámbito pictórico, siendo más sobresaliente en otros campos artísticos como la escritura. Carlo Carrà (1881-1966) no es encuadrado únicamente en este movimiento sino que se le considera como uno de las figuras predominantes del Futurismo italiano.

Las bases de este movimiento contrapuesto por algunos expertos al Novecento, no están claras. Las explicaciones que más pueden acercarse al verdadero sentido de estas obras están recogidas en varios escritos de Giorgio de Chirico (Sull’arte metafisica, Meditaciones de un pintor y Autobiografía) y en la obra de Carrà Pittura metafisica. El periodo de tiempo en el que discurre este estilo también es difuso; si bien se puede fechar el final en 1920, año en que Giorgio de Chirico y Carrà se separan como consecuencia de un enfrentamiento personal. El manifiesto escrito por los tres autores en 1919 llamado Nosotros, los metafísicos no puede considerarse el inicio, no sólo porque entonces daríamos al periodo una miserable vida de tan sólo unos meses, sino porque ya hay obras de este estilo años antes.

Escribe de Chirico en su manifiesto que “El terrible vacío descubierto [por Schopenhauer y Nietzsche] es la misma insensata y tranquila belleza de la materia”. Por sus escritos se conoce que estos dos filósofos, sobre todo Nietzsche, influyeron enormemente al pintor. El filósofo de la sospecha destruye el mundo de las ideas sumergiendo al hombre en el nihilismo, la no existencia de lo ideal, sólo de la materia.  A este vacío se refiere de Chirico, quien intenta plasmar este nihilismo entendiendo metafísica no como más allá de lo físico sino como lo que puede dar de sí lo únicamente físico.

La importancia de la pintura metafísica en el contexto de la historia del arte se debe a que representa uno de los más claros precursores del movimiento surrealista que posteriormente será desarrollado en todo el mundo.

OBRAS ESCOGIDAS

el enigma de la hora - giorgio de chirico (1911)

El enigma de la hora (De Chirico, 1911).

Este cuadro pertenece a la época florentina del autor, en la que los edificios de la ciudad toscana suponían para él un estímulo continuo a la hora de pintar. Pese a ser una obra temprana refleja el espíritu de la escuela metafísica: una sensación de soledad y ausencia de vida humana que el autor consigue mediante la representación de grandes construcciones, aspecto árido y personas difuminadas (cosificadas podría decirse). No sólo representa el vacío sino que sitúa un elemento totalmente cotidiano (un reloj) cuya presencia en este entorno deshumanizado es inquietante.

las musas inquietantes

Las musas inquietantes (De Chirico, 1916).

Es indicador de su paso por la ciudad de Ferrara la presencia en el fondo del paisaje del Castello Estense, monumento de la ciudad y residencia de la familia noble italiana de los Este, entre los que hubo numerosos mecenas. El edificio es famoso por haber albergado durante el Renacimiento una valiosa colección de pinturas perteneciente a los Este. De nuevo la presencia de la deshumanización: maniquíes sin rostro situados junto a objetos cotidianos, entre los cuales se observan una máscara roja y una vara, que son los atributos de Talía y Melpómene, musas de la comedia y de la tragedia. Se puede percibir en esta obra la presencia de elementos clásicos: Apolo al fondo y la estética de las musas.

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Héctor y Andrómaca (De Chirico, 1917).

Algunos han intentado ver en las figuras cosificadas de De Chirico la representación del mundo moderno, deshumanizado por la tecnología. No obstante, según el manifiesto metafísico no era esa su intención, sino más bien la de liberar a la realidad material del alma que hasta entonces gobernaba cualquier obra pictórica por medio de los rostros humanos.

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Plaza metafísica italiana (De Chirico, 1921).

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El gran metafísico (De Chirico, 1917).


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La anunciación (Alberto Savinio, 1932).

Como se verá en el siguiente cuadro, es muy típica la colocación de rostros animales a las figuras humanas en la pintura de Savinio. Desde el punto de vista de la interpretación de la obra pictórica, este hecho supone la ruptura total idea-materia. La cara y la cabeza, depositarios clásicos del alma humana, son sustituidos por cabezas animales, carentes de raciocinio y de ideas. Es la representación más explícita del nihilismo pictórico.

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Attente d’Egee (Alberto Savinio, 1930).

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Los castellanos (Alberto Savinio, 1928).

Este cuadro, también llamado Le tendre quatuor y que es un homenaje al pintor Rafael, remeda los maniquíes deshumanizados de su hermano con un elemento bastante inquietante y que es percibido como anómalo por el espectador. El autor no juega, como De Chirico, con entornos áridos con elementos materiales humanos desconcertantes (el reloj por ejemplo, es algo cotidiano, algo que es usado por los humanos y que certifica su presencia) sino que va más allá y representa un conjunto de maniquíes con un factor humano, la interacción (los maniquíes, objetos sin vida, parecen posar y tocarse, el elemento ya no es material sino que es la conducta entre los objetos).

musa metafisica

Musa metafísica (Carrà, 1917).

Comentados los De Chirico, las pinturas de Carrà correspondientes al periodo metafísico son del mismo estilo. Muestro aquí este por ser un claro representante del movimiento pero también es cierto que este autor tiene numerosas obras no metafísicas sino mas bien tributarias del estilo futurista del que se desgajó.

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Fractales

Fractales

Apostaría que la mayor parte de los lectores de este blog reconocerán las imágenes de este artículo sin necesidad de mirar el título. Los fractales son, en efecto, una de las aplicaciones de las matemáticas más conocidas y admiradas por los “no iniciados”. Sin embargo, tan sólo pocos conocen la verdadera formulación matemática que llevan implícita. En este artículo, vamos a intentar aclarar un poco más los secretos que encierran, procurando no entrar en excesivo formulismo matemático.

En primer lugar, vamos a describir qué es un fractal. Un fractal es una forma geométrica que cumple dos características fundamentales:

-No se puede identificar como una forma geométrica “típica”. Es decir, no es un cuadrado, ni círculo ni nada similar, sino que forma una estructura muy compleja.

-Sobre todo, la característica que diferencia a los fractales de cualquier figura geométrica es que son autosimilares. Que sean autosimilares quiere decir que están formados por la

La idea de autosimilitud se ve fácilmente en esta imagen. La fotografía de la izquierda corresponde a un fractal de Mandelbrot. La parte señalada por el círculo rojo está ampliada en la imagen del centro, que a su vez se amplía en la fotografía de la derecha. Sin tener en cuenta los colores, las tres figuras son prácticamente iguales.

repetición de la misma forma a distintas escalas. El ejemplo típico que se suele poner para explicar esto es el de una costa de un continente vista desde el espacio. Apreciaremos golfos, cabos y demás formas geológicas. Si nos acercamos un poco más, de manera que podamos ver sólo uno de estos golfos, veremos pequeños golfos y cabos dentro de él. Y esto se repite en bastantes ampliaciones.

En algunos casos, es común la aparición de comportamientos fractales en la naturaleza, como ocurre en esta foto. A pesar de que el ejemplo típico es la similitud entre las costas y los fractales de Koch, esta se parece a un fractal de Mandelbrot.

Este ejemplo sirve para explicar que los fractales no son sólo un invento de los matemáticos, sino que aparecen constantemente en la naturaleza. El ejemplo de las costas es uno de los más conocidos y es, de hecho, bastante parecido al fractal de Koch.

Otros casos pueden ser las hojas de las plantas, cuyos nervios se ramifican una y otra vez, o los modelos meteorológicos, que tienen parecido con el atractor de Lorentz.

El atractor de Lorentz es la solución a un sistema tridimensional de ecuaciones diferenciales que suele aparecer en diversos contextos como la meteorología o la física estadística y tiene un comportamiento caótico.

El lector se preguntará cuál será la relación de todo esto con las matemáticas. Una de los primeros casos del estudio de fractales fue la función de Weierstrass. Esta función está definida de manera que, a pesar de ser continua, todos sus puntos son esquinas. Al lector le puede parecer simple, pero a servidor, como estudiante de matemáticas, le pareció muy chocante. El caso es que esta función, como se ve en la imagen presenta un comportamiento fractal.

El lector verá el dibujo y probablemente no encuentre la relación entre los fractales “conocidos” y la función de Weierstrass. Eso es porque muchos tipos de fractales están definidos con números complejos (y existen fractales tridimensionales, que se definen con cuaterniones, pero eso exige más explicación). Existen muchas más formas de definir fractales, pero por simplicidad nos vamos a centrar en los fractales de Julia.

La importancia de la función de Weierstrass es que, siendo continua en todos los puntos, no es derivable en ninguno. Su aspecto fractal es una consecuencia directa de su definición, que probablemente veamos en un post futuro. Como nota anecdótica mi (poco potente) netbook estuvo 10 minutos generando esta imagen (a partir de un algoritmo escrito en Octave, un programa de cálculo númerico).

Supongamos todos los puntos del plano (el plano complejo). A cada punto del plano se le asigna otro punto mediante una determinada función. Es decir, si z es un punto,

z →  f(z).

A este punto, le asignamos un tercer punto con la misma función,

f(z)→ f(f(z))

y repetimos sucesivamente este paso. Algunos puntos escaparán al infinito y otros no. Los que no escapen al infinito se suelen representar en color negro. El color del resto depende del tiempo (número de repeticiones que hay que hacer) que tarden en escapar. De esta manera, se obtienen estas preciosas figuras.

Por último, me gustaría reseñar que la importancia fundamental de los fractales no es el arte, ni mucho menos. Las aplicaciones de este aparato matemático son casi interminables: sirven para describir sucesos complejos (lo cual es muy importante en meteorología) y, en general, permiten trabajar con la teoría del caos determinista.

Esto se basa en que en algunos modelos matemáticos sólo se puede conocer el estado del sistema a partir de un estado próximamente anterior. Esta idea es muy similar a la manera  con la que se definen los fractales de Julia:

Si tenemos un parámetro z, al cabo de un rato se convertirá en un estado f(z)

z→f(z).

Y en el siguiente instante, se encontrará en el estado f(f(z)).

f(z) → f(f(z)).

Esto pretende ser únicamente una mera justificación de la importancia de los fractales que, evidentemente, son mucho más potentes de lo que se puede explicar aquí. De hecho, se han desarrollado modelos económicos basados en este tipo de constructos matemáticos, aunque sin mucho acierto. Parece que alguien ha escogido los axiomas incorrectos.

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“Lecciones para los hombres”

Hoy en la caverna, continuando con los ciclos literarios y poniendo un punto y aparte concluyendo de momento esta iniciativa, queremos compartir con todos vosotros un poema escrito por Bernardo Gómez, también conocido como “El campesino de Plasencia”. La obra ha llegado a nuestras manos gracias a un colaborador. Espero disfruten de la lectura.

Les voy a explicar señores
aunque yo no soy muy macho,
como la hice un muchacho
al aprender los valores.

Si quieres que te lo enseñe
convidame por lo alto,
que cuesta mucho quebranto
el hacer lo que uno quiere.

A los jóvenes de España
por si alguno está dormido,
no lo echen en el olvido,
se libren de las patrañas.

(estribillo)
Se libran de las patrañas
que les tienen las mujeres
si rendidas no las vieres
te pueden servir mis mañas.

Te pueden servir mis mañas
como deseo espabilarte,
te puede servir de arte
verás si te desengañas.

veras si te desengañas
con lo que te cuento aqui,
a ti te puede servir
si te aprendieras las mañas.

Al aprenderte las mañas
las consigues como quieres,
entretenidas tu las tienes
de engañarlas te das mañas

Lo verás que te conviene
el aprender a engañarlas,
les dices no sentir nada
y ya rendidas las tienes.

Ya rendidas tu las tienes
sin causarte sobresalto,
así ellas con el quebranto
siempre dispuestas las vieres.

Siempre rendidas las vieres
al parecer que no las gustas,
de su ternura disfrutas
ellas quedan para el que viene.

Se quedan para el que viene
pues si las dejas artas,
se quedan ya sosegás
y esto a ti no te conviene.

Aunque no soy muy macho
así la pude engañar,
como se quedó ella atrás
me dijo no había acabado.

Y claro yo con razón
sin pasarlo no iba a dejarla,
al tener obligación de amarla
hasta concluir el amor.

Les voy a explicar señores
sin serme mucho quebranto,
sin causarme sobresalto
la ilusión de las mujeres.

La ilusión de las mujeres
has de desear aprender,
para pintar te ha de valer
como tu mismo prefieres.

Como tu mismo prefieres
esto te puede valer,
si me tomas parecer
lo verás que te conviene.

El campesino: Sólo para hombres.

Las mujeres todas son
muy pesadas por demás,
como se quedan paradas
hasta sentir el amor.

Si tu eres un poco previsto
las puedes scar candela,
con lo tuyo las consuelas
y debes estar previsto.

Como has sido previsto
tú te has dado algo deprisa,
se la puedes pegar de lista
sin sentir el regocijo.

Al dejarla con la gana
ella te pide que repitas,
como puedes ir con vista
tú le dices si te paga.

Y al estar con la ilusión
procuras tu que no se enfríe,
como ella te sonríe
tu la coges la ocasión.

Y lo verás tu que accede
como esta con el agrado,
lo que la pidas le has sacado
por si a ti no te apetece.

Yo lo se por experiencia
como me pasó con una,
aunque ella era tuna
así la enseñe la ciencia.

Yo al tener bastante gana
como me dí algo de prisa
al ver que me daba risa
me dijo que continuara.

Como deseo serles nobles
les indico la lección.

Pero si me quedo parado
como a ella no la llegaba,
y me hubo suplicado.

Que ni siquiera con el baile
como no le había llegado
como era de mi agrado
hasta que ella pudo saciarse.

Que les sirva de lección
por supuesto a algunos hombres.

   “El campesino de Plasencia”

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Kyrie eleison

Yo un día me caí del tejado. Parecía buena idea disfrutar del buen tiempo apoyado sobre el alféizar, pero la verdad es que no podía pensar con claridad. Probablemente la culpa sea de la ráfaga de viento, o el idiota del vecino gritándome algo. Me asomé, Eolo y el resbalón que di al intentar coger mi escopeta hicieron el resto. Pero los médicos dicen que iba borracho, que había bebido. ¿Qué sabrán ellos? Si reaccioné mal a la anestesia que me pusieron sería porque hicieron mal su trabajo. A la gente le encanta echar la culpa al resto.

El caso es que es verdad, bebí una cerveza por aquí, otra por allá, alguna que otra copa. Lo normal un jueves por la noche. Primero fui al Dies Irae, pero tocaba un bajista horrible y un pianista negro, así que marché sin pedir nada. De la que iba al McCarthy, me encontré a Harry Buk, y me alegré mucho. Llevaba mucho tiempo sin verlo y me contó que acababa de salir del hospital y que estaba celebrándolo, así que le lleve a tomar unas copas.

-Gulden Draak, ¿ves? Dragón dorado, es el metal de las espadas de los vikingos que hicieron esta bebida. Y ahora corre por mi garganta, dijo él, prisionero del alcohol, cayendo contra la barra. Sólo se me ocurrió una cosa que responder.

-Joder, intoxicación por metales pesados.

Le dejé ahí, sabiendo que se las arreglaría solo, como siempre hacía. La verdad era que me estaba entrando sueño, así que decidí entrar en un bar que me encontré por el camino. ¿Por el camino? No me acuerdo de a donde iba… La verdad es que ya no importa. Entré en aquel bar, pero no me dejaron llevar a la barra. El portero se había fijado en mi chaqueta, mis botas, mis gafas, mi pelo negro y rizado. Me agarró por la solapa y me empujó hacia la salida.

-Aquí no aceptamos borrachos como usted, caballero.

Así que salí, o me sacó. No había demasiada diferencia, porque con hipótesis distintas, había llegado al mismo resultado: yo, humillado, tirado en el bordillo. De aquí no hay quien saque un teorema. Pero podía ser peor, claro. Me senté en el mismo, lie tranquilamente un cigarro mientras observaba la acera de enfrente. Para variar, no había nada interesante al otro lado de la calle, así que lo encendí y me marché.

La tertulia del St. Michaels ya habría acabado, todos debían estar ya llegando al Kvanagh. Me dirigí allí siguiendo la línea recta de los adoquines y esquivando a la gente que se ponía en medio.  A trompicones, llegué al local, donde se encontraba la gente disfrutando de la resaca de la tertulia. Ya habían arreglado el mundo entre cerveza y whiskey:  neoanarquistas, procomunistas y antineoliberalistas habían llegado a un acuerdo contra la minoría conservadora, como todas las semanas.

Les ofrecí  whiskey para que olvidaran su éxito y se concentraran en temas más importantes.

Con unas gotas de agua para activar el sabor- les dije. Nos quedamos con la botella y seguimos sirviéndonos. El mundo daba vueltas, pero yo estaba seguro, en mi burbuja. La gente hablaba alrededor de mí, cantaba, bebía, pero todo lo que pudieran hacer estaba al otro lado del cono de luz y yo les observaba, en mi distancia, en mi superioridad, desde arriba.

Me ofrecieron un vaso piramidal, que contenía un líquido verde, brillante. El vaso también brillaba, pero del color rojo de las luces del local. Observe el contenido y después el continente, hasta que un ligero espasmo en mi mano hizo que el verde humor se moviera y produjera pequeñas ondas. Soplé y volví a observar las ondulaciones. Putos Navier y Stokes, qué cabrones. Me llevé el vaso a los labios.

********************

Me levanté de la cama y me lie un cigarro. Acto seguido, me aupé a través de la claraboya, venciendo el dolor que apretaba mi cráneo. Una vez arriba, me senté y empecé a fumar. Alguien gritaba abajo.

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Noche de verano

NOCHE DE VERANO

Benjamín abrió mucho los ojos y dejó este mundo. Eso fue lo que realmente pasó pero en esos momentos mi estado de embriaguez y el de mi médico nos impedían mantener una línea recta de razonamientos. Le ofrecí una cerveza a nuestro recién fallecido amigo; su falta de respuesta nos inquietó.

Miré el reloj. Eran las tres de la mañana. No era hora de dormir. El doctor Ubaldo, mi médico de cabecera, me miraba con esos ojos rojos de borracho y pupilas anormalmente dilatadas. Quise pedirle que le comprobara el pulso a Benjamín pero sólo me salió un balbuceo; no obstante parece que me entendió, o bien se dio cuenta de algo de lo que yo no sospechaba nada. Mi diligente compañero se acercó al cuerpo tambaleando y con un vaso de Bourbon en la mano, acababa de ponérselo. En el camino tuvo que apartar varias botellas y latas vacías con el pie. La casa estaba hecha una mierda de un día entero bebiendo y comiendo.

-Mierda. ¡MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA!

-Cuidado, vas a tirar el bourbon – mi médico hacía demasiados aspavientos con la mano que sujetaba el vaso, llamadme frívolo pero no quería que un vaso roto pasara a engrosar la larga lista de destrozos que ya estaban decorando mi otrora digna casa.

-¡A la mierda el puto vaso! ¡A tomar por el culo mi puta vida! Benjamín NO TIENE PULSO. Está jodidamente jodido. Es un fiambre… ¡tío! Su cuerpo ya sólo es MIERDA, no forma parte de los seres vivientes. Joder…

Aunque quiso decir las palabras de manera escandalizada, no le salió más que ese lenguaje propio de los borrachos en el que se arrastran sílabas y se intercala algún que otro hipo en la oración. No sé si era por la cantidad ingente de alcohol que habíamos ingerido o por la falta de sensibilidad que había desarrollado en todo este tiempo de vida pero creo que no estaba tan alterado como Ubaldo.

Un silencio artificial invadió las paredes de mi morada. Los dos pensamos. No sé en qué pensó él, seguramente en Dios. Yo pensé que tener a un hombre muerto en la casa no era seguro. No podía establecer premisas y llegar a conclusiones lógicas con claridad así que me puse otro gintonic. Posiblemente mi subconsciente interpretara que el transparente del elixir me haría limpiar mi intoxicado sistema nervioso. Derramé parte del Tanqueray en la moqueta “joder, estoy fatal, no coordino bien mis movimientos y me estoy dando cuenta de ello, pero aún así sigo bebiendo”. Necesitaba hielo, para eso tenía que pasar por delante del reflexivo y, ahora sí, religioso Ubaldo y el cadáver. Al hacerlo nos miramos, no dijimos nada pero sé exactamente qué pensaba. Pensaba: “menudo hijo de puta, su amigo muerto y él se pone otra copa”. No me importaba porque estaba bebido y el etanol tiene como primer efecto desinhibir. Salí de la estancia y pasé a la cocina, abrí el congelador y cogí dos piedras de hielo de una bolsa abierta. Las eché en el vaso, y eso me salpicó los pantalones.

Cuando me introduje de nuevo en el salón volví a entrar en el mundo real. Benjamín seguía en su sitio. El doctor estaba sentado en una silla inclinado hacia delante bebiendo a sorbos el bourbon casi sin abrir la boca y con la mirada fija en el infinito. “Ha pasado rápido a la fase de aceptación, deberían servir whisky en las consultas de oncología”.

Estuvimos un rato así, hasta que se vino abajo y me habló:

-Pobre hijo de puta…

-Pobre cabronazo… A veces pasa, unos mueren otros viven. Tenemos que deshacernos del cadáver.

-¿Deshacernos de Benji? – me miró con la cara con la que un niño mira a su padre cuando le castiga sin postre.

-Sí, deshacernos de Benji.

-Deshacernos de Benji…

Parecía que lo aceptaba pero yo no las tenía todas conmigo. Un médico borracho no es un ser racional como me lo había demostrado en incontables ocasiones mi compañero. En ese momento se me ocurrió que habría que llamar a nuestro otro amigo, que se había ido hacía varias horas totalmente borracho a buscar comida.

-Joder. Hay que pedir ayuda.

Llamé al número de su móvil. Sinceramente no esperaba que un hombre que había ido a coger su coche caminando en eses y sin pantalones hubiera sobrevivido. Pero me lo cogió.

-Tío… tenemos un problema.

-No encuentro comida, estoy en mi casa. No vengáis.

-Joder… tienes que venir ahora.

-Te he dicho que no quiero veros, sois unos putos nihilistas ¿oís? Soy una persona seria. No puedo mezclarme con vosotros… agh!

-Tío… ¿Qué pasa?

-Acabo de vomitar. No quiero hablar más de esto. Adiós.

Colgó el teléfono. Ubaldo estaba arrastrándose por el suelo. No le presté atención y fui a abrir una cerveza. Necesitaba un poco de gasolina belga para hacer funcionar mis engranajes. Pensé que era horrible beber una cerveza de importación directamente de la botella así que cogí un vaso de otra cerveza diferente “el sacrilegio es menor”. El vaso estaba lleno de cerveza española. Soy muy nazi con las cervezas. Tenía que tirar la española. El fregadero estaba roto. Me dirigí al cuerpo de benjamín y se la tiré en la ropa. Por el fenómeno de la capilaridad la cerveza quedaría empapada en la camisa y no me mancharía la alfombra ni los muebles. Total, estaba muerto. En ese momento Ubaldo tuvo otra crisis depresiva.

-Tío ¿sabes qué voy a hacer? ¿Lo sabes? Voy a llamar a la policía para entregarme.

-Ni se te ocurra tocar el teléfono drogadicto de mierda.

-Somos los responsables, somos asesinos. Tienes que entregarte conmigo. No tenemos antecedentes… nos dejarán salir pronto.

-Si coges el teléfono te lanzo el cuchillo – no iba a hacerlo pero creía que se acobardaría con mi amenaza.

-Entonces seré un mártir de la verdad…

Estaba colocado, fui más rápido que él, que estaba en el suelo arrastrándose y le quité el teléfono de su alcance. Luego lo levanté y fuimos a por ácido sulfúrico al sótano. No sé por qué razón tendría que tener eso ahí.

-Joder… ahora soy un puto cómplice. ¿Soy tu jodido cómplice? Dime que no soy tu maldito cómplice de mierda…

-Eres mi puto cómplice. Tío si nos pillan vamos los dos a la jodida silla eléctrica.

Mientras bajábamos las escaleras íbamos bebiendo nuestras bebidas. Noté que mi médico, que me seguía hacia el sótano, ya estaba mucho más calmado. Sus palabras me devolvieron por completo la fe en su capacidad de raciocinio y su pensamiento crítico de científico.

-Pues si no tenemos ácido hay que cortarlo en trocitos pequeños y tirarlo por el retrete.

Pensé que el mecanismo mental que había desarrollado esa solución a nuestro problema era el mismo que mi amigo usaría en las urgencias que atendía en el hospital. Yo había pensado en otras soluciones:

-Tenemos que quemarlo, lo podemos hacer en la mierda de chimenea del salón.

-¿Tienes leña? Tranquilo tengo en mi casa, puedo ir en un momento con la furgoneta. Necesitaremos yesca ¿tienes algodón? Bueno, creo que también me queda. Tengo hambre, podríamos aprovechar el puto fuego para comer algo.

No teníamos ácido así que recurrimos al plan B. Había suficiente leña en el sótano. Fuimos subiendo poco a poco. Pensé que como la chimenea era pequeña aún así tendríamos que trocear el cuerpo y quemarlo por partes. Cuando estuvo lista la pira observé que sí entraría entero después de todo. Eso fue un alivio porque de haberlo hecho, no hubiera podido encender la chimenea nunca más sin recordar la parrillada hecha con lomos, carrilleras y zancas de Benjamín.

Mi doctor y yo encendimos el fuego sin demasiados problemas. Parecía que el alcohol se mantenía en mi sangre de forma estática y no subía ni bajaba así que más o menos yo estaba acostumbrado a moverme sin demasiados problemas. Cuando llegó el momento de introducir el fiambre de nuestro desdichado camarada en la pira improvisada me entraron ganas de vomitar. Pensé que si intentaba correr a un lugar dónde echarlo no me daría tiempo y mancharía más partes de mi casa. Así que decidí vomitar sobre Benjamín. Al fin y al cabo… ¿qué importancia tendría que yo le vomitara encima cuando estaba a punto de carbonizarse? Ubaldo me vio vomitar y también le dio por hacerlo, él lo hizo a los pies de Benji. Me enfadé porque yo había transgredido las normas sociales vomitando a un amigo fallecido con tal de no manchar mi casa y él no había respetado una casa ajena para quedar bien con su propia conciencia.

-¡Joder! Mira lo que has hecho. Eres un cerdo de mierda.

-He vomitado en mi sitio cabrón. Jódete si tu casa está sucia.

“Apestoso mierdas” pensé mientras me enjuagaba la boca con una cerveza barata. Ubaldo se mostró de nuevo disgustado con el desarrollo de los acontecimientos:

-Un momento. Jesús no aprobaría que se inmolara a un hermano sin funeral. Necesitamos un ministro del señor y más alcohol.

-Mira, yo haré de cura, conozco algunas oraciones… como el padrenuestro, el avemaría… No sé… esa sarta de gilipolleces que te enseñan en el colegio. Voy a por bourbon.

Cuando volví medio cuerpo de Benjamín estaba carbonizado y la otra parte cruda. Ubaldo rezaba de rodillas con un vaso vacío a su lado “se lo ha bebido todo… tendremos problemas”. Me ordenó que me arrodillara. No me gusta arrodillarme.

-Que te den cabronazo.

-Mira, si no vas a colaborar lo mejor es que te vayas.

-¿Me estás echando de mi puta casa?

-Sólo te aconsejo. ¡Es un jodido consejo! Si no vas a colaborar no interrumpas mis actividades religiosas.

-¡Yo soy el hijo de puta que da consejos en mi jodida casa! No voy a consentir… no voy a permitir –no encontraba las palabras- que semejante hijo de perra malnacido…-paré para tomar un sorbo de bourbon- me dé jodidas lecciones de ética.

-Tienes razón. Hijo de perra malnacido… eso es lo que soy. Un bastardo. Voy a oficiar el funeral.

Se puso en pie y me hizo una seña para ponerme de pie. Llevaba un vaso de bourbon en una mano y una cerveza en la otra. Él llevaba sólo un vaso de whisky que se acababa de poner y una biblia en la otra mano. Comenzó con voz casi ininteligible y que pretendía ser ceremoniosa.

-Estamos aquí reunidos…para despedir…a Benjamín…

-Amén.

-Amén.

Tras el acto introdujimos la parte no quemada de nuestro amigo en la chimenea con ayuda de un atizador y avivamos el fuego con el fuelle. Pensé que esto no podía terminarse así.

-No podemos enviar al viejo Ben sin bebida. Quiero decir… ¿qué se tomará con Dios cuando lo vea?

-No está en nuestras manos. A Jesús sólo le gustaba el vino, cualquier otra bebida iría contra las normas celestiales.

-Bueno. Entonces pongámonos otra copa.

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Amor patris

Joder, busco lo que la gente busca y tengo lo que la gente no tiene: dinero fácil y putas baratas, ¿sabes? Otros trabajan y yo robo los billetes de vuelta a la gente en el bus.

Es fácil. Lo ideal es tener un método, una técnica. Acaba siendo lo mismo siempre. Pero no puedes confiarte. Cualquiera se puede despertar y lo manda todo a la mierda. Cuando se duermen, paso por debajo de los asientos. Si es de noche, gateo por el pasillo, que es más fácil. Luego decido. Tranquilamente. Me tomo mi tiempo. Estudio la situación. ¿Entiendes? Estudio. No cojo a la gente que ronca, porque se despiertan en nada. Las viejas serían fáciles, pero suelen meter el billete en el bolso. Si hay críos, voy a por ellos. Dejan el billete por ahí tirado de cualquier manera y sólo tengo que cogerlo.

Pero todo esto tranquilamente. Sin estresarse. Es un trabajo tranquilo. Lo haces y te vas a casa. Tienes que irte preparando, eso sí. Miras a la gente. Quién sí, quién no. Quién se puede despertar, quien se va a dormir, quien te puede ver. Todo eso durante todo el viaje hasta que todo esté tranquilo. Preparación y estudio. Esa es la clave. Ya sabes de qué te hablo. Tú sabes de eso. Te dedicas a ello, en realidad, ¿no?

No te rías, que te arranco la cabeza, la baño en éter y me la esnifo. ¿Te crees que es tan fácil? ¿Qué es llegar y cogerlo? Pues no lo es, joder. Si te subes en un autobús un domingo por la tarde, todo el mundo vuelve. No hay billetes para robar y no te sacas un puto duro. Tienes que saber a donde van los pardillos y cuando. Yo soy el puto catedrático de los transportes. Eso es el estudio de verdad.

Y lo gracioso es que no me hallan pillado aún, los muy idiotas. Es la parte difícil, que no te pillen dentro del bus. No puedes echar a correr y no estoy tan enfermo como para secuestrarlo. No puedes esconderte, quedas como un gilipollas, claro. Es más, si te pillan, estás jodido. Mejor que no te pillen. A mí nunca me lo han hecho.

Pero, joder, que merece la pena. Me suelo sacar un pico curioso. Si consigo vendérselos a alguien, me puedo sacar veinte. A veces, me enrollo con los del bus y me dan dos euros por ello. Los muy cabrones pueden vender otra vez el billete. En fin, de todas maneras tampoco soy un puto experto. Suelo dárselos a otros para que los vendan ellos y yo voy a comisión. Así el trabajo es más fácil y nadie me pilla.

Y ahí es donde entras tú. Tú serás mi… ¿Cómo se dice? ¿Mi enlace? Sí, eso. Mi enlace. Trabajaremos juntos. Jejeje. Y algún día seré rico. Y tú también. Así que deja de contarme payasadas de universidades y estudios, hijo mío.

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HISTORIA CORTA I: EL BAR DE LA ESQUINA

EL BAR DE LA ESQUINA

Entré en el bar de la esquina.

-¿Qué pasa cabrón?

-Menudo hijo de puta, hacía tiempo que no te veíamos por aquí.

-Estuve ocupado mamón.

-¿Ocupado? ¿En qué? ¿En tocarte los huevos?

-Cierra la boca y ponme una cerveza.

-Como quieras pero que sepas que hoy el partido no se ve aquí.

-¿A qué viene eso? Eres un capullo, sabías que iba a venir y por eso no lo compraste hoy. Eres un mamonazo.

-¡Eh! ¡Eh! Nunca muerdas la mano que te sirve la cerveza. Ha sido el presupuesto, no tengo pasta para poneros todas las mierdas de la tele de pago. –dicho esto escupió al suelo de su propio bar.

Mi amigo el dueño era un hombre grueso y calvo con un mandil, yo lo llamaba el calvo hijoputa. No me fui del bar del calvo hijoputa porque me daba pereza tener que ir a otro bar, saludar al camarero y tener que darle explicaciones de por qué no le veía desde hacía tiempo. Así que me quedé en la barra bebiendo la cerveza pero me propuse tocarle las narices hasta que explotara.

-Está un poco sucio el bar ¿no? ¿Desde cuándo no limpias esta pocilga? –sabía que todos los días se levantaba a las 6 para barrer y fregar y así mantener la taberna como una patena. Esto le destruiría la moral.

-No me intentes picar porque vas fuera.

-No en serio, ¿han visto los de sanidad esto? Yo creo que pasaron de largo porque no creyeron que fuera un bar. Parece una cuadra.

El calvo hijoputa pasaba de mí, no entraba al juego. Probé con otra cosa.

-Joder, y tu mujer entonces es esa de la cocina… que vida más dura ¿eh?

-Cállate y bebe.

-No pues bueno, se le podría dar un meneo… yo que se… con una bolsa en la cabeza quizás.

-Fuera de mi bar.

Había surtido efecto. Pero no había cumplido mi objetivo, estaba simplemente salvando el honor de su mujer, no estaba visiblemente enfadado. Necesitaba provocar su furia.

-Tu esposa no será más guapa porque yo me vaya. Seguramente será más triste porque se quedará contigo a solas en el bar.

El calvo hijoputa estaba sacando algo de debajo de la barra. Joder, era un Winchester. Me había pasado de la raya, ahora tocaba aplacar a la bestia.

-Vale tío, sin problemas… Eran bromas, sólo bromas. No me jodas, estaba tocándote los huevos por no poner el partido. No quería malos rollos.

Cuando me apuntó me tiré al suelo y me cubrí la cabeza. Una sensación de terror tomó el control de todo mi cuerpo y me puse a llorar.

-No. No quiero morir…

Cargó el arma súbitamente con la articulación que tienen los rifles Winchester cerca del mango. En ese momento perdí el control de los esfínteres y mojé los pantalones. Estaba llorando y sudando de una manera que pronto me deshidrataría.

Me miró casi con tristeza más que con odio. Yo sólo deseaba que entrara alguien aunque para mí fuera una humillación que me vieran con mis necesidades por encima. “Al menos sabrán quien me ha matado y no acabaré en una fosa en el jardín de detrás del bar”. Ese pensamiento me hizo vomitar. Vomité el impoluto bar que antes había criticado para picar a mi futurible asesino.

De pronto dejó de apuntarme. Cogió el rifle se lo metió en la boca y disparó. Todo se llenó de sesos y sangre. Me fui de allí rápido para que nadie me preguntara nada, a cambiarme a mi casa y a ver el partido en otro bar.

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