HISTORIA CORTA I: EL BAR DE LA ESQUINA

EL BAR DE LA ESQUINA

Entré en el bar de la esquina.

-¿Qué pasa cabrón?

-Menudo hijo de puta, hacía tiempo que no te veíamos por aquí.

-Estuve ocupado mamón.

-¿Ocupado? ¿En qué? ¿En tocarte los huevos?

-Cierra la boca y ponme una cerveza.

-Como quieras pero que sepas que hoy el partido no se ve aquí.

-¿A qué viene eso? Eres un capullo, sabías que iba a venir y por eso no lo compraste hoy. Eres un mamonazo.

-¡Eh! ¡Eh! Nunca muerdas la mano que te sirve la cerveza. Ha sido el presupuesto, no tengo pasta para poneros todas las mierdas de la tele de pago. –dicho esto escupió al suelo de su propio bar.

Mi amigo el dueño era un hombre grueso y calvo con un mandil, yo lo llamaba el calvo hijoputa. No me fui del bar del calvo hijoputa porque me daba pereza tener que ir a otro bar, saludar al camarero y tener que darle explicaciones de por qué no le veía desde hacía tiempo. Así que me quedé en la barra bebiendo la cerveza pero me propuse tocarle las narices hasta que explotara.

-Está un poco sucio el bar ¿no? ¿Desde cuándo no limpias esta pocilga? –sabía que todos los días se levantaba a las 6 para barrer y fregar y así mantener la taberna como una patena. Esto le destruiría la moral.

-No me intentes picar porque vas fuera.

-No en serio, ¿han visto los de sanidad esto? Yo creo que pasaron de largo porque no creyeron que fuera un bar. Parece una cuadra.

El calvo hijoputa pasaba de mí, no entraba al juego. Probé con otra cosa.

-Joder, y tu mujer entonces es esa de la cocina… que vida más dura ¿eh?

-Cállate y bebe.

-No pues bueno, se le podría dar un meneo… yo que se… con una bolsa en la cabeza quizás.

-Fuera de mi bar.

Había surtido efecto. Pero no había cumplido mi objetivo, estaba simplemente salvando el honor de su mujer, no estaba visiblemente enfadado. Necesitaba provocar su furia.

-Tu esposa no será más guapa porque yo me vaya. Seguramente será más triste porque se quedará contigo a solas en el bar.

El calvo hijoputa estaba sacando algo de debajo de la barra. Joder, era un Winchester. Me había pasado de la raya, ahora tocaba aplacar a la bestia.

-Vale tío, sin problemas… Eran bromas, sólo bromas. No me jodas, estaba tocándote los huevos por no poner el partido. No quería malos rollos.

Cuando me apuntó me tiré al suelo y me cubrí la cabeza. Una sensación de terror tomó el control de todo mi cuerpo y me puse a llorar.

-No. No quiero morir…

Cargó el arma súbitamente con la articulación que tienen los rifles Winchester cerca del mango. En ese momento perdí el control de los esfínteres y mojé los pantalones. Estaba llorando y sudando de una manera que pronto me deshidrataría.

Me miró casi con tristeza más que con odio. Yo sólo deseaba que entrara alguien aunque para mí fuera una humillación que me vieran con mis necesidades por encima. “Al menos sabrán quien me ha matado y no acabaré en una fosa en el jardín de detrás del bar”. Ese pensamiento me hizo vomitar. Vomité el impoluto bar que antes había criticado para picar a mi futurible asesino.

De pronto dejó de apuntarme. Cogió el rifle se lo metió en la boca y disparó. Todo se llenó de sesos y sangre. Me fui de allí rápido para que nadie me preguntara nada, a cambiarme a mi casa y a ver el partido en otro bar.

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