Kyrie eleison

Yo un día me caí del tejado. Parecía buena idea disfrutar del buen tiempo apoyado sobre el alféizar, pero la verdad es que no podía pensar con claridad. Probablemente la culpa sea de la ráfaga de viento, o el idiota del vecino gritándome algo. Me asomé, Eolo y el resbalón que di al intentar coger mi escopeta hicieron el resto. Pero los médicos dicen que iba borracho, que había bebido. ¿Qué sabrán ellos? Si reaccioné mal a la anestesia que me pusieron sería porque hicieron mal su trabajo. A la gente le encanta echar la culpa al resto.

El caso es que es verdad, bebí una cerveza por aquí, otra por allá, alguna que otra copa. Lo normal un jueves por la noche. Primero fui al Dies Irae, pero tocaba un bajista horrible y un pianista negro, así que marché sin pedir nada. De la que iba al McCarthy, me encontré a Harry Buk, y me alegré mucho. Llevaba mucho tiempo sin verlo y me contó que acababa de salir del hospital y que estaba celebrándolo, así que le lleve a tomar unas copas.

-Gulden Draak, ¿ves? Dragón dorado, es el metal de las espadas de los vikingos que hicieron esta bebida. Y ahora corre por mi garganta, dijo él, prisionero del alcohol, cayendo contra la barra. Sólo se me ocurrió una cosa que responder.

-Joder, intoxicación por metales pesados.

Le dejé ahí, sabiendo que se las arreglaría solo, como siempre hacía. La verdad era que me estaba entrando sueño, así que decidí entrar en un bar que me encontré por el camino. ¿Por el camino? No me acuerdo de a donde iba… La verdad es que ya no importa. Entré en aquel bar, pero no me dejaron llevar a la barra. El portero se había fijado en mi chaqueta, mis botas, mis gafas, mi pelo negro y rizado. Me agarró por la solapa y me empujó hacia la salida.

-Aquí no aceptamos borrachos como usted, caballero.

Así que salí, o me sacó. No había demasiada diferencia, porque con hipótesis distintas, había llegado al mismo resultado: yo, humillado, tirado en el bordillo. De aquí no hay quien saque un teorema. Pero podía ser peor, claro. Me senté en el mismo, lie tranquilamente un cigarro mientras observaba la acera de enfrente. Para variar, no había nada interesante al otro lado de la calle, así que lo encendí y me marché.

La tertulia del St. Michaels ya habría acabado, todos debían estar ya llegando al Kvanagh. Me dirigí allí siguiendo la línea recta de los adoquines y esquivando a la gente que se ponía en medio.  A trompicones, llegué al local, donde se encontraba la gente disfrutando de la resaca de la tertulia. Ya habían arreglado el mundo entre cerveza y whiskey:  neoanarquistas, procomunistas y antineoliberalistas habían llegado a un acuerdo contra la minoría conservadora, como todas las semanas.

Les ofrecí  whiskey para que olvidaran su éxito y se concentraran en temas más importantes.

Con unas gotas de agua para activar el sabor- les dije. Nos quedamos con la botella y seguimos sirviéndonos. El mundo daba vueltas, pero yo estaba seguro, en mi burbuja. La gente hablaba alrededor de mí, cantaba, bebía, pero todo lo que pudieran hacer estaba al otro lado del cono de luz y yo les observaba, en mi distancia, en mi superioridad, desde arriba.

Me ofrecieron un vaso piramidal, que contenía un líquido verde, brillante. El vaso también brillaba, pero del color rojo de las luces del local. Observe el contenido y después el continente, hasta que un ligero espasmo en mi mano hizo que el verde humor se moviera y produjera pequeñas ondas. Soplé y volví a observar las ondulaciones. Putos Navier y Stokes, qué cabrones. Me llevé el vaso a los labios.

********************

Me levanté de la cama y me lie un cigarro. Acto seguido, me aupé a través de la claraboya, venciendo el dolor que apretaba mi cráneo. Una vez arriba, me senté y empecé a fumar. Alguien gritaba abajo.

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Una respuesta a Kyrie eleison

  1. Clarice dijo:

    Tus historias siempre me dejan con la inquietud de cuántas horas sin sentido tiene la vida de una persona. Y sabes darle un significado desolador a esas horas vacías. No dejes de escribir. X

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