AVISO: CICLO LITERARIO 2012

CICLO LITERARIO DE LA CAVERNA DEL SOBRAO NOVIEMBRE 2012

Muy buenas cavernarios, estas dos semanas (las dos primeras de noviembre) vamos a poner en la Caverna del Sobrao algunos trabajos literarios hechos por nuestros redactores con un ritmo de uno cada dos días para que dé tiempo a leerlos. El ciclo constará de cinco historietas cortas y una selección de poemas. Esperamos que os guste o que, al menos, os entretenga.

 

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“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano


Hoy quería compartir con todos vosotros un correo que ha llegado a mi email que considero de gran interés debida a la situación actual y que sin duda vale la pena “perder” unos minutos en leer la siguiente carta de Fernando Sanchez Salinero. Espero que todos podamos aprender algo de ella.

 

“¿Quiénes son los pobres? Los nietos de los ricos”. Aforismo castellano

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en
los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa actitud.

Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que sus
hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar, como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y
ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la mayoría de los españoles.

Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo en armonía y respeto.

Y cometieron los dos peores errores imputables a esa generación:

1) “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el trabajo en algo a evitar.

2) “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de hipotecas, rehipotecas y contrarehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67). La
generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”, del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de “papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer. ¿Y
qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de roble.
Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un “enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan tanto, como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”. Increíble pero cierto.

– ¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.

– Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, BMW para los españoles.

Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega
infraestructuras que producían mega comisiones para todos los involucrados. ¡Viva el cazo! ¡Viva el yerno del Rey! ¡Que se besen los padrinos! Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito, ¿Qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro post). Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por ser nieta de ricos.

Si somos incapaces de volver a los valores con los que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí, cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía, poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela, trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo
llamaban así) no debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos
endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos encontrar maestros en casa.

Fernando Sánchez Salinero en la Casa del Libro http://cort.as/1dWT

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Palabrejas

Hoy en nuestra caverna, hemos querido indagar acerca de esas palabras que son muy características de ciertos lugares, o que por antigüedad se está perdiendo su uso. Aquí les dejo una serie de palabras que hemos ido recopilando. Espero que les guste, y todo aquel que quiera colaborar con “sus vocablos”, bienvenido sea.

  • Mendrugo: Trozo de pan. También aplicable a un bulto en el cuerpo
  • Cabiazo: Golpear a alguien, dar un tortazo en la cabeza.
  • Derrengao: Cuando algo (cualquier cosa es aplicable, animales, objetos, personas), tiene desplazado su centro de gravedad hacia un lado, es decir, algo está volcado hacia un lado.
  • Ablentao: alocado, impulsivo, chiflado.
  • Cornezuelo: Variedad de aceituna, alargada y puntiaguda (deliciosa)
  • Tatarabita: Cuerda utilizada para la capacha
  • Capacha: Bolso, normalmente artesanal hecho con mimbre en el que se guarda la comida. Típico en jornadas de trabajo agrícola.
  • Ardiles: Aptitud para realizar una acción con prontitud y eficacia.
  • Bicha: Serpiente
  • Cataplasma: Poco espabilado
  • Senagüillas: Manta que se coloca alrededor de la mesa y que contiene un brasero en su interior. Muy usada para mantener el calor en la mesa.
  • Cebollazo: Caída aparatosa
  • Culetá : Golpe que uno se da cuando cae de nalgas.
  • Chache: Hermano de tu padre, tu Tio
  • Chifle: Voz estridente y aguda y desagradable.
  • Chuminá: Tontería.
  • Enfollinao: Cuando alguien esta enfadado.
  • Enrear: Comprometer a alguien con otros asuntos, como por ejemplo, salir.
  • Zaleón: Sacudida violenta.
  • Verea: Camino
  • Verdugazo: hematoma producido normalmente por un palo o vara
  • Tufo: Mechón de pelo que sobresale por la frente
  • Chuzo: Gota grande de agua.
  • Pajizo: De color de piel muy blanco y tez clara.
  • Sónsolo: Persona astuta de apariencia inocente
  • Gachón/a: Para referirse a alguien, aveces con connotación de tener suerte.
  • Galillo: Parte superior de la traquea.
  • A granel: Servir género de manera poco exacta o sin empaquetar
  • Gurrumino: Tacaño.
  • Jartar. Saciarse copiosamente con algo.
  • Laero: Pendiente lateral muy inclinada de una montaña, un valle, o un desfiladero. Muy usado en olivares.
  • Lambrijo: Persona muy delgada.
  • Licenciao: Persona que cree saber de todo y alecciona al resto.
  • Malasombra: Antipático, carente de ingenio y de mal genio.
  • Mandilón: Hombre de complexión grande y amanerado.
  • Acho* : Diminutivo de Muchacho, muy utilizado para llamar la atención
  • Miajón: Parte interior del pan, más blanda.
  • Papajote: Cucharada de masa hecha a base de harina, huevos, leche y raspadura de limón que se fríe en la sartén y luego se reboza con azúcar y canela.
  • Pelapavas: Persona que esta siempre con la pareja. Que vive por y para ell@
  • Mocico: Joven soltero
  • Pipirrana: Comida muy típica andaluza en verano, compuesta mayoritariamente por tomate y pepino
  • Mochicón: Golpe, puñetazo.
  • Asturcona: En Asturias, el asturcón es un caballo salvaje. Se aplica a las mujeres anchas de constitución y rudas en el trato.
  • Gochazo, trompazo, castañazo: Golpe accidental muy duro.
  • Pellejo: Persona fea y desagradable.
  • Corbatona: Se dice de las castañas que se cuecen sin haberlas pelado completamente.
  • Pájaro: En Asturias, homosexual.
  • Escalagüerzu: Pequeña serpiente de campo (Asturias).
  • Estar como un fenómeno: Tener mucha barriga.
  • Ir al baile: Salir de fiesta.
  • Encarnado: De color rojo.
  • Arbejos: Guisantes.
  • Babayu: Tonto (Asturias).
  • Fato: Tonto (Asturias).
  • Bugre: Bogavante.
  • Ñocla: Buey de mar.
  • Carbayo: Roble.
  • Tarabica: Pajarita.
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Blade runner (1982)

Blade runner (1982)

Director: Ridley Scott.

Guionistas: David Webb Peoples y Hampton Fancher.

Los detractores de Ridley Scott suelen salvar siempre Blade runner de su hoguera. Yo, que me confieso un seguidor incondicional de este gran realizador, la considero una obra maestra y el mayor exponente de la ciencia ficción en el siglo XX.

Harrison Ford no decepciona interpretando el papel de policía en un mundo futurista muy psicodélico en el que los humanos creamos réplicas de nosotros mismos para trabajar sin cobrar. Scott convierte una novela típica de ciencia ficción en una historia entretenida, emocionante y con un profundo trasfondo filosófico. La decoración (totalmente surrealista) y la fotografía son muy acertadas y contribuyen a dar a la película ese toque serio y pesimista sobre el futuro que hace tan extraña e innovadora a esta superproducción.

Frase de la película: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad, Roy.”

Nota: 9

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Los gladiadores romanos V

Aquí está la penúltima entrega de la serie gladiadores.

Tras haberse distinguido enormemente tras una serie de victorias (hubo una época que tenían que ser cinco consecutivas) a un gladiador se le podía conceder la libertad y se convertía en un rudiarius. El símbolo de la libertad era la concesión de una espada de madera (rudis). Si, en cambio, un gladiador sobrevivía el tiempo suficiente para terminar el contrato que lo vinculaba a su dueño (pagándole deudas) recibía la llamada liberatio. Aún después de conseguir la liberación los rudiarii seguían trabajando para su señor a cambio de un sueldo bien como mercenarios o como entrenadores, o también podían enrolarse en las legiones. Los lanistas y nobles llegaron a tener tantos que eran auténticos ejércitos privados. En la época de Julio César el senado dictó una ley que establecía como límite para cada ciudadano la posesión de 640 gladiadores. El privilegio de conceder el rudis lo tenía el munerarius, el financiador de los juegos y su decisión estaba supeditada a lo que pidiera la multitud con sus gritos o abucheos. Tras la muerte de Julio César en el 44 a. C. los munerarii eran los emperadores. La ceremonia de entrega del rudis estaba presidida por el munerarius, que bajaba del palco e iba hacia el centro de la arena, donde le esperaba el gladiador; allí le entregaba la espada de madera y después la multitud lo aclamaba. En ese momento el gladiador era un hombre libre, no obstante no podía ser ciudadano romano; pero sus hijos, sí. Los rudiarii podían elegir seguir luchando para ganar más dinero y fama, con el riesgo de perder la vida. Muchos de ellos se hacían árbitros. Flamma, un famoso murmillo, decidió seguir combatiendo y murió en la arena tras 33 victorias consecutivas. El emperador Tito concedió el rudis a dos gladiadores a la vez (Verus y Priscus) por haber mantenido una lucha de alto nivel durante horas y horas. A este tipo de empate se llamaba “Stantes missi”.

El sagittarius era un arquero a caballo (de sagitta,”flecha”). No era un gladiador per sé, se le pagaba para que disparara contra fieras y contra otros gladiadores en las representaciones de batallas. Domiciano y Cómodo realizaron el papel de sagittarius mientras eran emperadores, siempre desde una distancia de seguridad.

Joaquin Phoenix interpreta a Cómodo en la película Gladiator.

 

Los samnitas eran uno de los pueblos contra los que lucho Roma para unificar la península itálica y sus guerreros iban muy armados. En la época republicana llamaron a los luchadores con equipo pesado samnitas, luego hicieron más tipos como el murmillo, el hoplomachus y el secutor. Su oponente era el retiarius. Su arma era el gladius. Su defensa era la siguiente: la galea, casco decorado con plumas; la ocrea, greba para la pierna izquierda y la manica, protección para el brazo y puño derechos. Su escudo comenzó siendo el scutum pero luego se sustituyó por la parmula, escudo pequeño y redondo.

Samnitas luchando contra fieras (http://www.legionxxiv.org)

Los secutores eran una variedad de murmillo y los representantes del dios del fuego, Vulcano, (secutor es “seguidor” en latín, ya que el fuego siempre persigue). Su lucha contra el retiarius (Neptuno, dios del mar) simbolizaba la lucha entre los elementos agua y fuego. Su arma era el gladius, si bien a veces usaba la espada larga de caballería (spatha). Su protección estaba constituida por un casco muy ajustado a la cabeza y sin salientes, para evitar ser presa fácil de la red del retiarius, la ocrea y la manica. Como el del murmillo, su casco tenía unas ranuras muy pequeñas en la zona orbitaria para evitar que los dientes del tridente del retiarius le hirieran. Esto complicaba seriamente su visibilidad pero mantenía a salvo sus ojos. Utilizaban el escudo reglamentario de la legión, el scutum.

Secutor (http://fernandolillo.blogspot.com)

 

Con un indumentaria similar al de los secutores estaban los scissores (de scissor, “tijera”). Estaban dentro del grupo de gladiadores de equipo pesado y por ello se enfrentaban al retiarius. Su arma era una cuchilla que cortaba la red del retiarius y también servía para combatir. También llevaba un gladius pero no utilizaba escudo. Su protección y casco eran iguales a los del secutor.

Armas usadas por el scissor (Museo de Éfeso en Selcuk, Turquía).

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Los gladiadores romanos IV

En ocasiones los gobernantes y emperadores celebraban las naumaquias (naumachia, “batalla naval” en griego) que eran escenificaciones de batallas navales. Los hombres que luchaban en este tipo de actos recibían el nombre de naumachiarii y eran prisioneros de guerra. Las naumaquias en su comienzo se llevaban a cabo en lagos y piscinas pero más tarde, con los adelantes técnicos, fue posible inundar los anfiteatros y celebrarlas allí frente a miles de espectadores. Las naumaquias siempre acababan siendo una masacre y eso divertía al pueblo. Para mayor emoción los barcos utilizados estaban adaptados para ser hundidos fácilmente y las batallas tenían dos partes: la embestida y el abordaje. Una naumaquia era un acontecimiento espectacular, en la primera de ellas, celebrada por Julio César a su vuelta de la Guerra Civil (año 46 a. C.), se usaron 3000 naumachiarii y 12 galeras auténticas. Para las naumaquias en anfiteatros se tenían que utilizar reconstrucciones de las naves a escala inferior.

La naumaquia (Ulpiano Checa, 1894).

El paegnarius era el fustigador de las fieras del circo. Llevaba un látigo y se ocupaba de transportarlas y sacarlas así como de hacerlas atacar. Llevaba protección en las piernas (fascia) y en la cintura (cingulum) y se armaba de un látigo para controlar a las bestias.

Dos paegnarii (http://www.roman-colosseum.info)

Para los entreactos se sacaban a praegenarii o “gladiadores de mofa” que luchaban entre sí sin matarse con armas de madera (arma lusoria) como la espada de madera o rudis. También usaban lazos de rodeo y redes pero nunca se mataban, su objetivo era parodiar y hacer reír a la multitud para eliminar la tensión del anterior combate. Eran similares a payasos aunque utilizaban la indumentaria de los gladiadores auténticos. Sus actuaciones estaban acompañadas de música y efectos de sonido. Las personas utilizadas para ser praegenarii solían ser deformes, enanos y lisiados; si bien también había entre ellos gladiadores aún sin entrenar que utilizaban ese espacio para algo así como “calentamientos” frente a la multitud. Otros espectáculos para los entreactos eran los acróbatas, los funambulistas que caminaban sobre una cuerda floja a mucha altura y los petauristarii, personas que jugaban con un petaurum, un sube-y-baja gigante que les lanzaba a mucha altura.

Los provocatores eran gladiadores que se desafiaban entre sí (se provocaban). Luchaban contra otros provocatores tras desafiarlos. Su armamento era el gladius. Estaba protegido por una chapa de metal que cubría su pecho (la spongia) y una galea de provocator  que era un casco sin ninguna decoración. También llevaba la ocrea o greba para la pierna izquierda y su brazo y puño izquierdos iban protegidos por la manica. El escudo era el reglamentario de infantería, el scutum.

Un provocator (http://www.factsforprojects.com)

Otro gladiador mítico es el retiarius (que usa la red) se armaba como un pescador. Representante de Neptuno, el dios del mar; solía enfrentarse al murmillo y al secutor (una variedad de murmillo), que eran los representantes de Vulcano, el dios del fuego. Su equipo era ligero, de tal manera que tenía una gran agilidad y velocidad. Junto al laquerarius, es el único gladiador que no llevaba casco y por ello su rostro era conocido. Su oponente en la arena era el murmillo (o el secutor). Su armamento era: una red con plomo, un tridente o un arpón y un pugio (cuchillo). La técnica de combate era la siguiente: primero atrapaba a su adversario con la red, como éste era normalmente un luchador con armamento pesado, era difícil que se liberase. Después le atravesaba con el tridente como una brocheta. Si fracasaba el lanzamiento de red el tridente podía usarse para arrancarle la espada de la mano al contrario o para herirle los ojos. Una vez desarmado o incapacitado el contrario, el retiarius atacaba sin piedad. Su única defensa era el galerus, una pieza de armadura que cubría todo el brazo, el hombro y el cuello. No usaba escudo. Los retiarii eran vistos como gladiadores de segundo nivel por su táctica evasiva pero formaban parte de los combates más importantes de la jornada.

En el siguiente vídeo se muestra un combate de la película Espartaco, de Stanley Kubrick en la que Espartaco (Kirk Douglas), un tracio, lucha contra un retiarius.

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Los gladiadores romanos III

Continuamos con la serie de gladiadores especificando los tipos de luchadores por orden alfabético. De la E a la M.

Los essedari eran gladiadores que combatían sobre carros de guerra normalmente en representaciones históricas haciendo el papel de celtas, britanos, galos o romanos que luchaban entre sí. Luchaban con unas lanzas de 2 metros llamadas medallion. Su principal protección era el casco de tipo Montefortino o celta (ver fotografía) muy decorado. Usaban un escudo de caballería.

Casco montefortino

Casco de tipo Montefortino, usado en los primeros tiempos de la República (http://www.historiaclasica.com)

El hoplomachus (del griego: “pesadamente armado”) fue uno de los gladiadores más famosos. Estaba basado en los hoplitas, los soldados de las ciudades griegas de la época helenística. Debían ser hombres de constitución muy fuerte para soportar el peso de las armas y la vestimenta y aún así su rapidez estaba gravemente mermada. Durante la República a estos gladiadores se les dio el nombre de samnitas, más tarde recibieron la denominación de hoplomachi. Su oponente en la arena tenía que ser otro luchador con armamento pesado si se pretendía tener un combate igualado pero a menudo era emparejado con un contrincante más ágil porque daba interés a la pelea. Normalmente su adversario era el murmillo. Su arma principal era el gladius graecus (gladius con forma de hoja estilo hoplita) aunque también llevaba un pugio (cuchillo) y se acompañaba de la lanza de infantería (hasta) que no era arrojable sino que era un arma de combate más distante que el gladius. Su defensa estaba constituida por: galea con un penacho llamativo, ocrea (greba para la pierna izquierda), manica para el brazo y puño derechos y el parmula, un escudo de bronce pequeño y redondo.

Imagen de un mosaico que muestra a un hoplomachus.

El siguiente fragmento está tomado de la serie Spartacus. En él se enfrentan Crixus, en el rol de murmillo y Auctus, en el rol de hoplomachus.

El laquerarius (del latín laqueus, “lazo”) eran gladiadores posiblemente inspirados en ciertas tribus orientales que tenían como arma, aparte del gladius, lazos como los usados en los rodeos. Su táctica consistía en capturar al rival con el lazo para después atacar con ventaja. Era muy ligero y ágil, lo que le confería una gran velocidad y no llevaba casco, con lo cual tenía un campo visual muy amplio. Sus adversarios en la arena eran el murmillo o el secutor. Su arma principal era el laqueus y en la otra mano podía llevar o bien un gladius o si no un hasta como el del hoplomachus. Sólo tenía una protección, el llamado galerus, una pieza de armadura que le protegía el cuello y la cabeza y estaba sujeto al hombro.

Imagen del laquerarius (http://www.gladiator.at)

Posiblemente el gladiador más famoso de todos sea el conocido como murmillo (por mormylos, “pez”, en referencia a la forma de su casco) representaba al dios del fuego Vulcano, y era conocido como el perseguidor debido a que el fuego siempre persigue. El combate más popular de los juegos era el que enfrentaba al murmillo contra el retiarius, que era el representante de Neptuno, porque era la lucha entre agua y fuego. Además el retiarius (que luchaba con red y tridente) se asemejaba a un pescador y el murmillo a un pez. El murmillo sustituyó al gallus, de la primera época republicana. Su arma comenzó siendo el gladius aunque posteriormente fue sustituida por la spatha, espada larga de caballería. Su defensa era la siguiente: la galea de murmillo, que tenía una decoración con forma de cabeza de pez y ranuras pequeñas para que sus ojos no fueran dañados por el tridente del retiarius; la ocrea para la pierna izquierda y la manica para el brazo y puño derechos. Usaba scutum, el escudo reglamentario de los legionarios.

Un murmillo (http://www.durolitum.co.uk/gladtypes.html).

Pronto estará la cuarta parte para continuar con los tipos de gladiadores.

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